16 jul 2010

Fall

En el vacío del verano,
Sólo puedo desear tu invierno
Añorar tu oscuridad
Rezar por tu dolor

Debajo del ardiente sol
Me consumo en el anhelo
Evito el espamo de mi alma
Olvido el latir de mi corazón

En la fragancia de la primavera
Quiero asesinar mi deseo
Oh, mi delicado y estival viento
Matarte para ya no pensarte...

¿Y serás capaz de amar
la oscuridad que hay en mí
como yo amo la que hay en ti?

2 may 2010

Hoy...

Y allí estaba yo, en medio de todas esas personas…

Todos parecían seguros de que camino debían seguir y los no lo estaban, sólo necesitaban detenerse a mirar por breves instantes las señales para reanudar su marcha, seguros de la ruta que debían seguir.

Y yo, detenido en medio de todos ellos, sin saber si ir a la izquierda o a la derecha, divido por miles de motivos que no conducían a ninguna conclusión.

Trataba de buscar respuestas en aquellos rostros, en aquellas caras de las personas que sabían cual era el camino que debían tomar. Quería creer que tal vez encontraría la respuesta a mi simple pregunta en los ojos de alguno. Pero en vano busqué un motivo para decidirme… Inclusive, me llené aún más de dudas al mirar desconciertos en algunos ojos, incredulidad, zozobra y resignación. ¿Es realmente el camino que quería tomar o era el que estaban obligados a seguir?

Yo sabía que me decisión se reducía a dos sencillas opciones… Lo que quieres hacer y lo que tienes que hacer… Y miraba en las personas ciertos gestos que me hacían ver que con el camino donde sigues a tus deberes a veces es necesario sacrificar muchas cosas. Pero también percibía en algunos el orgullo derivado del propio sacrificio para cumplir las propias obligaciones.

¿Y qué veía en aquellos que parecían seguir el camino que querían? En algunos, la felicidad irrevocable de hacer lo que amas… En otros, el dolor de haber sacrificado, así como los que hacen lo que deben, todo en nombre de los placeres.

Me preguntaba por qué no podían ser un mismo camino el que quieres y el que debes… Seguro alguno de los que pasaba frente a mí había tenido esa opción y la seguía. ¿Debes hacer lo que quieres o debes querer lo que debes?

Aún estoy parado cerca del lugar de donde partí. No he avanzado demasiado. A veces, decido que tengo que ir por el camino del deber, pero me detengo y reflexiono que sería mejor hacer lo que quiero… Camino unos pasos de regreso y me doy cuenta que será mejor seguir por donde debo… Y así pasan los años sin avanzar demasiado entre el deber y el placer…

Pero hoy siento que es el día de romper mi estática… Hoy debo hacer lo que quiero y haré lo que debo… Hoy no iré a la izquierda ni a la derecha, iré de frente… Hoy romperé, amaré, haré, disfrutaré, buscaré, conseguiré, destruiré, observaré, construiré, alimentaré, amarraré, apartaré, impondré, liberaré mi camino…

27 feb 2010

Carmines recuerdos

En los carmines recuerdos de los sueños inacabados

Todavía saboreo el color pálido de tus labios

Y acaricio mis manos con el calor de tus dedos…

Las palabras apenas formadas en los labios

Cierro los ojos y aún pienso en ti

Entre los vapores de la mañana, entre la realidad y el sueño,

Me aferro a lo que queda de tu recuerdo…

27 oct 2009

Crónicas de un vampiro en Zerken

Crónica I

Enciendes la luz para asegurarte de que no hay nadie en la habitación.

Te das cuenta de que tus temores son infundados, puesto que no hay nadie en el cuarto.

Apagas de nuevo la luz y regresas a tu trabajo en la computadora.

De vez en cuando te frotas la nuca, aún tienes esa sensación de que alguien más te acompaña.

Incluso, de vez en cuando, miras hacia atrás, con la esperanza de que la luz del monitor alumbre lo que sea que te acecha.

Estás cansado y te dices eso a ti mismo, estás cansado y nada más.

Pero yo estoy justo detrás de ti y no me verás…



Crónica II

Hoy saliste tarde del trabajo.

Bueno, no demasiado tarde, pero ya está oscuro.

Aunque la ciudad no es segura, te sientes tranquila cuando bajas del autobús y estás a unas cuadras de tu hogar.

O deberías sentirte tranquila estando a unas cuadras de tu hogar.

Sin embargo, caminas nerviosa, sin correr, pero sin ir tan lento.

Tienes guardadas las manos en las bolsas de tu abrigo.

Y en la derecha sostienes la botella de gas pimienta.

De vez en cuando miras hacia atrás.

Pero la calle está vacía.

No hay nadie.

No es demasiado tarde, pero no hay gente en las calles… Lo cual es extraño.

Caminas susurrando que casi estás en casa, que casi llegas.

Pero yo estoy justo detrás de ti y no me verás…

Crónica III

Todos los días, después de que regresas de trabajar, sales a correr 3 kilómetros. Casi siempre, alcanzas luz del día, luz del atardecer, y regresas cuando apenas oscurece.

Pero, hoy saliste un poco tarde… Eso y el horario de invierno que ya comenzó. Así que, ahora oscurece aún más temprano. Saliste cuando ya las luces de la tarde se difuminaban y el alumbrado público comenzaba a encenderse.

Definitivamente sientes que este no es un buen día. Sientes como si no debieras haber salido. Era un buen día para quedarte en casa y mirar la televisión. Pero, esa voluntad férrea para bajar de peso te hizo olvidarte de la pereza y salir a correr.

Checas tu reloj, que tiene cronómetro y odómetro. Has terminado con tu rutina del día. Es hora de regresar a casa… Es hora de regresar a casa…

Trotas por la acera, ya está totalmente oscuro. Estás cerca de casa… Pero esa sensación de intranquilidad, de que no están bien las cosas te persigue.

Sacudes la cabeza por ser tan tonta y continúas de regreso a casa…

Pero yo estoy justo detrás de ti y no me verás…



Crónica IV

Una noche de fiesta. Viernes… No, ya no es viernes… Ya es sábado…

El punto es que es has tenido una de esas noches donde lo importante es divertirse y beber sin caer tirado en el piso.

Gran noche, definitivamente fue una gran noche.

Tres chicas te dieron su número. Tal vez las llames.

Tus amigos se fueron hace rato a sus casa… O tal vez a seguir la fiesta sin ti. No lo sabes, no te importa. Tú estabas muy divertido en el lugar en donde estabas.

Pero la fiesta ya ha terminado y es hora de volver.

Debes tomar un taxi. Bien sabes que en estas noches es imposible que uses tu propio automóvil. No podrías recordar ni siquiera en donde lo dejaste estacionado.

Has caminado varias cuadras y ni un solo carro ha pasado. Ya no digamos un taxi… Ni siquiera ves personas caminando cerca de ti.

Es muy extraño… Pero, ya es bastante tarde. ¿O demasiado temprano? No importa, lo que importa es buscar un taxi que te lleve a tu departamento.

Sacas tu teléfono celular. Tienes el número de un sitio de taxis. Ellos te conseguirán uno y pronto estarás de regreso.

Buscas el número en tu agenda, pero no lo encuentras. Te sientes nervioso. Sigues buscando, no lo encuentras. Estás seguro que lo anotaste en algún lado.

Sacas tu cartera. Debes tenerlo en una notita o en una tarjeta.

Te comienza a ganar la desesperación. De pronto, el encontrar el número o un taxi o salir de estas calles abandonados es una urgencia, una necesidad, una situación de vida o muerte.

Estás nervioso, no sabes por qué. Respiras más rápido, revuelves los papeles de tu cartera, buscas en tus bolsillos pero no encuentras el número del sitio.

Miras a todos lados y sigues solo. Ni un carro, ni un alma, todo solitario. ¿Por qué estás tan nervioso? No entiendes… Lo único que entiendes es que no quieres estar ahí. Miras a todos lado, preocupado, incómodo, y la calle sigue vacía.

Pero yo estoy justo detrás de ti y no me verás…



Crónica V

Nunca te habías sentido tan desamparada como te sientes el día de hoy. Tu vida perfecta se vino abajo en un solo día.

En realidad… Tomó más de un día, pero los resultados fueron evidentes en un solo.

¿Tu marido te engaña? Aún ahora la frase suena inverosímil en tus oídos. No lo puedes creer… No lo quieres creer.

Y no te queda más remedio que creerlo: Él mismo te lo ha confirmado. Te engaña desde hace meses. Te engaña con alguien que no conoces y que tampoco quieres conocer.

Dice que ya no te quiere. Trató de detenerte al salir de su casa. Te dijo que era muy tarde y muy peligroso para que una mujer anduviera sola por la calle. “¿Qué te importa si ya no me quieres? ¿Qué más te da si ya estás con otra?” le contestaste. Y esa mirada de culpabilidad, el silencio abatido de su derrota te hizo sentir mejor… aunque sólo fue por un tiempo.

De pronto, la tristeza de tu vida perdida se te olvida y sientes que tal vez debiste hacerle caso a tu ex esposo y no salir de noche. Es hora de regresar al que fuera tu hogar. Dormirás en el sillón o ya verás cómo te arreglas, pero tienes que regresar.

Ahí estarás segura. No del dolor de perder a tu esposo, pero sí del peligro de las calles… Un peligro eminente.

Aprietas el paso, nerviosa, segura de que nadie te sigue pero convencida que algo está mal. Tienes que regresar… Huyes de algo sin saber qué exactamente. En tu casa ya no tendrás que huir…

Pero yo estoy justo detrás de ti y no me verás…



Vampiro en Zerken

Y cada vez que me coloco detrás de alguien, nadie lo siente, nadie se percata...

Y nadie nota lo que ocurre, nadie nota la leve presión en su cuello…

Aunque siempre existe un nerviosismo, nadie le presta atención al verdadero hecho que origina esa intranquilidad.

Y como nadie se concentra en el verdadero motivo, nadie nota su propia muerte…

Nadie, excepto yo, que vivo de la sangre de los humanos…

Yo, que soy un vampiro en Zerken…

18 oct 2009

No mires a los extraños

Lo he mirado muchas veces, pero es la primera vez que lo veo.

Adrián debe estar cerca, aunque ya lleva 10 minutos de retraso.

Y mientras espero por él, frente a mi trabajo, me fijo por primera vez en algo que llevo mucho tiempo mirando…

O mejor dicho, alguien a quien llevo mucho tiempo mirando.

Sabía que estaba ahí, pero no lo había razonado.

Y mientras espero por Adrián, lo veo por primera vez.

Si no fuera por sus ropas sucias y la mirada perdida… podría ser un hombre guapo.

En realidad, su mirada no está perdida, sólo que es muy fija.

Por un momento siento que me mira, así que desvió la mirada… No debes mirar fijamente a las personas, es de mala educación… Sobre todo, cuando el hombre al que miras es a uno que no tiene casa.

El color sube a mis mejillas… ¡Tonta! Sólo espero que no enloquezca y me ataque.

Pero, en las semanas que lleva ahí, nunca ha atacado a nadie. En realidad, ni siquiera se dirige a nadie. Sólo se sienta en el piso, con las piernas cruzadas, y sus ojos miran a los que pasan. No pide dinero, no pide comida. De no ser por su aspecto sucio y descuidado, uno podría pensar que sólo es un lunático que se sienta a esperar algo que sólo él sabe que es…

Adrián ya lleva 20 minutos de retraso.

Y me siento cada vez más curiosa acerca del vagabundo de la calle.

¿Qué te puede haber pasado para que pierdas tu casa, tu familia, tus bienes y hasta tu mente? O tal vez perder la cabeza es el principio de todo.

Pero entre más miro los ojos del vagabundo, más estoy segura de que no es ningún loco. Sus ojos son inteligentes… incluso, me dan un poco de miedo… Son como los de un… ¡cazador!

Sí, he mirado documentales en la tele sobre la vida salvaje. Leones, cocodrilos, tigres, ¡dinosaurios! Y todos tienen esa mirada salvaje, como si supieran que la naturaleza los proveyó de un instinto superior y que son ellos los que matan, los que cazan…

Este hombre tiene esa mirada. Pero a pesar de ello, a pesar de su aspecto, a pesar de estar loco sin importar lo que yo crea, me parece que debe ser un hombre atractivo. Tal vez, con un baño, un traje…

¡Ya estoy pensando tonterías!

Estos hombres nunca cambian… No, saben que la vida así es más fácil… Porque estoy segura de que éste no es un enfermo mental… Tampoco es un alcohólico ni drogadicto… No, sus ojos me dicen que es un hombre que eligió vivir de esta manera, aunque no sé cuáles sean sus motivos.

Y por mucho que me gustaría saberlos, ¡no es mi elección! Simplemente no puede acercarme y decirle “¡Hola! Me gustaría conversar con usted y saber por qué es un vagabundo”. No, claro que no, no puedo hacer eso…

Tal vez debería sugerirle a la televisión que haga un reportaje sobre estas personas…

Tal vez debería irme. Adrián no llegará. Y cada minuto se hace más tarde. ¡Las 10 de la noche! No puedo creer que Adrián me haya dejado aquí plantada, a estas horas… ¡A estas horas!

Debería de preocuparme por mis asuntos y no por los de los demás. Es tiempo de tomar una decisión acerca de este irresponsable hombre al cual no le importo un comino. Tal vez es el momento de seguir mi camino…

Y lo digo en un sentido figurado y literal. ¡Debo ir a casa!

Antes de dar más de tres pasos, giro la cabeza y veo por última vez al vagabundo… Sus ojos brillan y tiene una sonrisa en el rostro, pero el gesto no es amable, es como un máscara que provoca horror, es como mirar a una estatua tratando de sonreír…

Doy vuelta en la cuadra que sigue, debo llegar a la siguiente avenida para tomar el autobús que me lleva a casa y escucho mi nombre…

Me doy vuelta y veo al vagabundo, sin máscara, los ojos de cazador, los colmillos listos para devorar a su presa…

Demasiado tarde me doy cuenta de que, ni más ni menos, soy su presa…

12 may 2007

EVIL - Parte 6: De cómo los nubarrones comienzan a despejarse

Los muchachos se acomodaron como pudieron, junto a la elevación rocosa que los protegía de la arena y los vientos. Se cubrieron con las ropas que Drake había llevado consigo y trataron de dormir algunas horas antes de retomar su camino.

Despertaron muy temprano, antes del alba y de que el sol desplegara su ardiente fuerza. Partieron en silencio rumbo a su siguiente parada, un oasis que Orlando conocía.

Gavriil se tomó el atrevimiento de mencionar que ese sería en el primer sitio en el que los buscarían, puesto que al haber partido sin alimento y sin agua, era imprescindible que hicieran dicha parada.

La respuesta fue sencilla: Nadie conocía el oasis al que se dirigían y estaba perfectamente cubierto. Ni siquiera los exploradores de su padre podrían encontrarlo. Él lo había logrado en una de sus tantas correrías por el desierto y nunca se lo había mostrado a nadie… Así que era un lugar en donde podrían reposar frescos, beber agua y alimentarse.

Cabalgaron la mayor parte del día, Orlando sujetaba las riendas con fuerzas y Gavriil se aferraba a la silla del animal atrapada entre los brazos de su hermano. El calor hacía mella en ambos, pero eran jóvenes y fuertes, así como su cabalgadura y soportaron bastante bien la inclemencia del desierto.

Llegaron cuando la noche cerraba en el horizonte. El oasis estaba ubicado en una especie de hundimiento en las dunas del desierto. Si no se sabía de esta especie de risco, era fácil precipitarse y rodar por las arenas del desierto, con un gran daño, sobre todo si se iba a gran velocidad. Fue necesario que bajaran del caballo y descendieran a pie, con cuidado de no desbarrancarse.

Un discreto ojo de agua brotaba de entre las piedras, casi mágicamente. Palmeras, arbustos y enredaderas transformaban la ardiente brisa de la arena en un suave viento refrescante. Algunos frutos, rebeldes ante la violencia del calor fulminante, crecían libremente y con hermosura.

Los dos ryujin desfallecieron al encontrarse en un lugar tan agradable. Allí podrían renovar sus energías y continuar con su travesía. Refrescaron sus secos paladares y comieron lo que se les ofrecía, aunque tuvieron que hacerlo con moderación porque el oasis no era tan abundante como para proporcionar un banquete. Su caballo también bebió y se alimentó, pareció recuperar las fuerzas que estuvieron a punto de faltarle.

Ninguna palabra había sido pronunciada desde que partieran y tampoco se dijo mucho cuando arribaron. Ni siquiera se veían a los ojos los dos hermanos, parecían estar incómodos por toda la situación.

Cuando la noche ya caía por segunda ocasión desde su escape, la joven se atrevió a pronunciar algunas palabras con el fin de conocer cual sería su siguiente parada.

- No podemos permanecer aquí por siempre. Es un lugar resguardado y parece seguro, mas no lo será para siempre. Será preciso que en algún momento dejemos este sitio y vayamos al siguiente. ¿Cuál es tu plan?
- Es cierto… Podremos estar aquí un par de días como máximo y será necesario partir de inmediato… El problema es que… - El muchacho cambió de posición y extendió las piernas, que hasta ese momento tenía recogidas. - Realmente no sé a dónde debemos ir. Si lo has notado, hemos recorrido bastantes kilómetros en muy poco tiempo, más de lo que he logrado hacer sobre mis dos piernas. Mis conocimientos sobre el desierto llegan un poco más adelante; después de eso, desconozco que es lo que nos espera. - Una mueca de horrible disgusto asomó en los labios de la mujer, las uñas se enterraron en la piel de sus muslos.
- Entonces, este es tu gran plano ¿no? - Cerró los ojos y se mordió los labios. - Supe desde el primero momento que ésta era la peor idea…
- No, definitivamente no. No sé a dónde iremos, pero eso no quiere decir que no tenga un plan. Por favor, escucha , después emitirás tu opinión… Si cambio mi forma y volamos sin descanso, seguramente encontraremos el fin del desierto. Si lo que los relatos dicen es cierto, la Primera Ciudad fue establecida no muy lejos de otro país, de un país de tierras abundantes y que, según cuentan, deja de ser un desierto poco a poco. Si eso es cierto, eventualmente nos encontraremos en una tierra donde no existe calor y hay agua en abundancia. Es cuestión de mantener el rumbo que llevamos, hacia el oeste, y encontraremos las fronteras del reino de los ryujin y, más allá, el final del desierto, nuestra escapatoria.

Una risa irónica fue la respuesta a su propuesta. Los ojos insolentes de Gavriil lo miraban con burla y Drake no tuvo más remedio que bajar los suyos, avergonzado de sus palabras y de no entender el proceder de su hermana.

- ¿Y si no fuera así? ¿Y si no encontráramos? ¿Volarás para siempre?... - Bajó el tono de sus comentarios, al darse cuenta de lo embarazado que se encontraba el otro. - Lo que quise decir es que me parece una idea arriesgada y que podría no terminar del todo bien…
- Lo sé, lo sé muy bien… Sin embargo, pocas son nuestras opciones. Yo haría eso y le rogaría a los dioses porque mi corazonada fuera correcta.

Gavriil se levantó, con un suspiro de desesperación. A ella le parecía una idea ridícula y estaba dispuesta a dejarse vencer, entregarse y que su vida terminara ahí mismo. No tenía deseos de emprender ese tipo de aventuras sin sentido.

- ¿Confías en mí?
- ¿Perdón?
- Que si confías en mí… Me has seguido por dos días… ¿Confías en mí?
- Te he seguido porque no he tenido más remedio, porque no sé cómo regresar a casa…
- Bien sabes que no es cierto. Regresar a casa no tiene nada que ver con esto; si no tuvieras esperanza, hubiera sido suficiente con que te sentaras a esperar a que los soldado de papá llegaran, a que el enviado de la Primera Ciudad te encontrara… ¿Confías en mí?

Los ojos púrpuras de la mujer brillaron con un violento relámpago. Era ira, era enojo porque Orlando tiró un dardo que dio en el blanco, justo en el corazón que a veces parecía no tener.

- ¿Confías en mí?
- Sí, confío en ti.
- ¿Y quieres vivir?
- Sí, quiero vivir.
- ¿Me seguirás, pase lo que pase?
- Sí, lo haré…
- Mañana mismo partiremos y roguemos a los dioses que sea a un destino mejor, no directamente a la muerte…

29 abr 2007

EVIL - Parte 5: De cómo la luna busca brillar con luz propia

El muchacho lucía apenado, sus brazos colgaban sin voluntad a sus costados, ni siquiera tomaban fuerzas en los puños, los ojos se perdían en las arenas doradas del desierto.

Tomó las riendas del caballo y lo guió hasta un arbusto, que parecía seco y, sin embargo, se aferraba a la vida. Lo ató a ese lugar para que no escapara, sabía que el arbusto resistiría, ya que el animal no era salvaje, y estaría protegido del viento.

Regresó al lado de su hermana, aún con la pena reflejada en la frente.

- Lo siento… Realmente no era mi intención tratarte de la manera en que lo hice… Sin embargo… Nuestras opciones eran pocas y yo me sentía desesperado.

Las piernas le fallaron y se arrojó frente a la muchacha, sobre la arena. La noche ya se extendía por el cielo y el clima, cálido durante el día, comenzaba a cambiar dando lugar a un helado viento.

Gavriil no cambiaba su expresión, sus manos se aferraban furiosas a los bordes de sus vestidos. Parecía que se mordía el interior del labio inferior con los dientes superiores. Por fin aflojó las manos y se decidió a hablar.

- Gracias. Sé que lo haces por mi bien, pero en realidad…

La mirada sorprendida de su hermano adoptivo, con las cejas enarcadas, interrumpió su discurso. Ni ella misma sabía lo que decía y no se sentía con el humor de dar explicaciones.

- Cuando escuché las palabras del enviado de la Primera Ciudad, por un instante creí… Creí que tenían razón y que tu existencia no era más que la de un ser malvado; que antes y ahora, solamente eras una mujer caprichosa y que, con tus antecedentes, pronto te convertirías en un espectro de las fuerzas malignas… Pero, esa fue mi primera impresión… Porque en realidad, nunca has hecho nada que nos haga dudar de ti. Tal vez seas… - La mirada fría de los ojos púrpura le hizo reconsiderar sus palabras. - Tal vez no seas la mejor personas en el mundo, mas no eres la peor… Realmente no creo… Posiblemente no se equivocan los sabios… Creo que hay esperanzas para ti, para evitar tu destino…
- Y por consiguiente para ti… Sé que mi vida no te interesa en lo más mínimo y sé que la esperanza que tienes es en realidad por tu propia vida… Así que, por favor, guárdate tus palabras…

Una sonrisa melancólica asomó a los labios de Orlando. Las yemas de sus dedos jugaron un poco con la arena, marcaron líneas que no formaron figuras con sentido… Buscaba las palabras que a continuación pronunciaría.

- Estás muy equivocada, querida hermana… Aunque no sé si sea apropiado llamarte de esa manera… Cuando pienso en lo que estoy a punto de decir. Mi vida… Por supuesto que mi vida me es valiosa y es importante, sin embargo, no es lo que más me importa en este mundo. Fui educado como príncipe, como soldado, como guerrero, con la firme idea de que si es necesario morir por aquello que me es valioso, entonces es una muerte grata y a la que no hay que temer. Y estoy dispuesto a morir por aquello que amo. Si mi muerte puede salvarte de alguna manera, entonces estoy dispuesto a morir… - Una risita tonta fue emitida por el pecho del muchacho, sonó extraña en esa solitaria noche en el solitario desierto. - Aunque creo que en esta ocasión, realmente mi vida es la que te mantiene a salvo…

Gavriil se levantó, no le causó gracia la pequeña e inoportuna broma de su hermano, de su raptor, de su salvador… Él la amaba y eso no era nuevo para ella. Desde hacía mucho que sabía de los deseos de su hermano y realmente no le importaba en lo más mínimo; le parecía ridículo que después de tantos años de odio y humillaciones, él sintiera amor por ella, amor profundo…

- ¿Y a mí que me importa lo que estés dispuesto a hacer por mí? Si es cierto lo que dicen, mis días están contados y no hay esperanza para mí. Y si existe esperanza, entonces todos ustedes encontrarán la destrucción de su raza…

Orlando, de pie, la siguió lentamente, se encontraba frente a ella. Miraba directamente en sus ojos púrpuras, sin temor, valiente ante las circunstancias… Y se convencía cada vez más que no era odio ni maldad lo que veía, sino solamente un alma obstinada que no dejaba salir lo que realmente sentía.

- Estoy dispuesto a arriesgarme. No creo que tu esperanza sea nuestra destrucción. Yo creo que el hechizo que te creó y que unió tu existencia a la mía tiene un fallo y te ha dado la oportunidad de convertirte en un verdadero ser, con mente y corazón, y que podrías ser capaz de rechazar tu destino si así lo deseas… ¿Acaso no quieres vivir? ¿Acaso tu corazón no late con fuerza, nervioso y vigoroso a un mismo tiempo? ¿Acaso no sientes a tu alma que se agita cuando estoy junto a ti?

Los brazos del hombre rodearon a la mujer. Ella se quedó quieta al sentir el contacto del otro, contuvo la respiración, las manos totalmente desfallecidas a sus costados. Él nunca se había atrevido a eso, a tocarla. Le parecía que el único momento en sus cuerpos estuvieron en contacto fue años atrás, cuando el pequeño niño la cargó, al bebé que era en aquel entonces, hasta el hogar de sus padres adoptivos. Sus manos nunca se rozaron y ella procuraba mantenerse alejada, hasta ese momento en que sintió el abrazo, fuerte y seguro, de su hermano.

- ¡¡¡Déjame!!!

Gavriil se liberó bruscamente del abrazo en el que se sentía atrapada. ¿Realmente su alma se agitaba de la manera en que Orlando describía? No, no deseaba eso… Aunque se sintió protegida, sintió el calor de su hermano, ella no deseaba eso. Era algo de lo que se había convencido en toda su existencia, que su hermano no sería sino una molestia para ella el resto de sus días hasta que…

Se alejó, molesta. El viento del desierto agitaba sus ropas, su cabello plateado. Sus huesos resintieron el frío de la noche, mas siguió con su furiosa marcha, con sus seguros pasos.

Su hermano permaneció en su sitio, confundido. Había sentido el agitado corazón de Gavriil junto al suyo. ¿Era esa una indicación de sus sentimientos? Tal vez sólo era su imaginación… Lo que era una realidad es que la muchacha se alejaba molesta…

Gavriil se detuvo; sus pensamientos eran sombríos, deseaba hacerle daño a Drake, la cabeza le dolía y sus manos se cerraban compulsivamente, como si no pudieran controlar su sed de destruir…

Cerró los ojos, pensó en lo que sentía. No, no era ella misma, era algo más que la dominaba, no su voluntad, sino la de alguien más. Gavriil no quería ser el títere de nadie, no quería que su voluntad estuviera regida por la de nadie, ni por eso que sentía ni por la de Orlando, por nadie, sólo ella…

Así había sido toda su vida, ¿no era así? Siempre llena de impulsos, de caprichos, que no dominaba y que hacían que todos la odiaran. ¿No había sido así toda su vida? No debía continuar de esa manera quería rebelarse ante eso que sentía. ¿Cómo lo haría? ¿Qué era lo que quería?

Se dio la media vuelta. Debía ir en contra de sus instintos, era eso, porque sus instintos le eran extraños y siempre la habían guiado por el camino incorrecto. Tenía que hacer lo contrario de lo que su mente le indicaba… aunque su corazón se revolvía desesperado por estar de nuevo en brazos de su hermano…

- Es tarde… Y el frío ya es insoportable… Será mejor prepararnos para dormir…

Regresó sobre sus pasos y tomó el envoltorio de ropa que Drake había cargado consigo. Orlando, al ver que ella no escaparía, se dispuso a establecer el campamento. Estaba tranquilo, era difícil que hubieran seguido sus huellas, así que por esta noche estaban a salvo…